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Gestos seguros

Escrito por Dani Armengol Garreta el 10 Nov 2011

La primera vez que usé la vista mensual del calendario en un iPad hice lo que estaba acostumbrado a hacer en un iPhone: pulsar en un día y luego en el botón “+” para añadir un evento a ese día concreto.

Calendario mensual en un iPad. No aparece ningún evento.

No funcionó.

Sorprendido, probé suerte haciendo doble tap, esto es, pulsando dos veces. Hizo algo, pero no lo que esperaba: cambió de modo de visualización y me mostró el día entero.

Detalle de un día en iPad. No hay ningún evento.

Ayer, meses después de esa primera experiencia, y semanas después de actualizar a iOS5 (si es que eso tiene algo que ver), descubrí por casualidad que al hacer long press en un día (manteniendo pulsado) sí se crea un evento nuevo para ese día.

Dos pasos de la creación de un nuevo evento. Se pulsa en un día durante unos instantes y aparece un popover con los detalles del evento.

Una forma de explicar cómo funciona una interfaz es aprovechar elementos familiares o estándares existentes. Sabemos que un texto subrayado es un enlace porque estamos acostumbrados a que esto sea así. Entendemos que un botón lleva a cabo una acción porque nos recuerda a sus versiones físicas que usamos todos los días en docenas de contextos.

En las pantallas táctiles de tabletas y teléfonos tenemos multitud de gestos disponibles para acceder a opciones, pero ¿cuántos nos resultan familiares?

Gestos como el pellizco nos pueden parecer naturales: son relativamente fáciles de ejecutar e incluso algunas personas pueden saber cuál es su función habitual. Pero ¿cuándo se pueden utilizar? No hay nada que nos indique que una fotografía, por ejemplo, es ampliable o no. No queda más remedio que intentarlo.

No estamos hablando de nada nuevo: en nuestro ordenador de sobremesa tampoco tenemos ninguna pista que nos indique si podemos hacer doble clic o clic derecho, pero en las pantallas táctiles el problema crece de forma exponencial: ¿se podrán usar dos dedos para deslizar algo hacia abajo?, ¿tres?, ¿se eliminirá un ítem al hacer flick (arrastrar rápidamente) hacia la derecha?, ¿hará el flick hacia la izquierda algo distinto?, etc.

Por lo que hemos visto hasta el momento en Usolab, sólo hay dos gestos que se puedan explicar visualmente sin recurrir a instrucciones explícitas. Estos dos gestos son los que llamamos “gestos seguros”: pulsar en la pantalla (tap) y deslizar.

  • Es fácil comunicar visualmente que se puede hacer tap en algo: por ejemplo los efectos de relieve, con sombras y degradados, que se utilizan para representar un botón en una pantalla, le otorgan un aspecto pulsable que es suficiente para explicar al usuario cómo funciona ese elemento.
    Botón con aspecto pulsable, grande y atractivo, parece evidente que sucederá algo al pulsar.
  • Y también es fácil explicar que algo es deslizable: aprovechándonos de la continuidad de un elemento y de las expectativas del usuario sobre el mismo, podemos cortarlo abruptamente y así invitar a deslizarlo. Si el usuario ve, por ejemplo, la mitad de una línea de texto, comprenderá que debe existir una forma de acceder al resto. Intentar deslizar o mover el texto visible para dar espacio al restante es algo que puede surgir casi de forma espontánea, natural.
    Un texto termina abruptamente con una línea cortada. Una sombra da un ligero efecto de que sigue 'por debajo'

¿Entonces los gestos “no seguros” son inútiles? Para nada. Son atajos rápidos a acciones que debemos explorar y explotar, pero, desde nuestro punto de vista, con precaución.

Nuestro consejo:

  • Utilizar los gestos “no seguros” sólo como atajos a funcionalidades accesibles mediante otros mecanismos. Encontramos un ejemplo en el teclado de iPhone: agiliza la escritura de las terminaciones “.es” o “.eu” de un dominio.
    Al pulsar unos instantes en un tecla del teclado de iPhone acaba apareciendo un menú con varias terminaciones de dominios.
  • Utilizar gestos “no seguros” como método único de acceso sólo cuando la funcionalidad que ejecuten no sea crítica para la aplicación. Por ejemplo en Twitter un usuario puede refrescar manualmente su lista de tuits. Es una función interesante, pero no crítica, que se ejecuta con un gesto que puede ser descubierto casualmente al hacer scroll hacia arriba.
    Arrastrar hacia abajo la lista de tuits descubre un mensaje que indica que al soltar se refrescará la pantalla 

Como os podéis imaginar, de esto y otros temas vamos a hablar en nuestro próximo curso de usabilidad y diseño de interacción.




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