Usolab: Consultoría de usabilidad y diseño centrado en el usuario
Escrito por Dani Armengol Garreta el 10 Jul 2009
La tecnología móvil ha avanzado tanto que con los teléfonos actuales ya se puede acceder sin ningún problema a sitios web convencionales creados para resoluciones de pantalla mucho mayores. Las empresas Apple, RIM, Nokia, etc. integran en sus teléfonos navegadores que permiten mostrar miniaturas de páginas web y aumentar zonas concretas para mostrar más detalle de un cierto elemento o leer un texto en un tamaño de letra aceptable mediante inteligentes sistemas de zoom. 
Viendo esto parece que haga décadas de cuando los desarrolladores se veían obligados a utilizar tecnologías especiales para adaptar sitios web para móviles. Tecnologías rudimentarias que permitían dar acceso a sólo parte del sitio web original y que eliminaban la posibilidad de poder utilizar cualquier sistema de interacción medianamente sofisticado.
Eliminadas estas restricciones tecnológicas, ya se alzan las primeras voces defendiendo que ya no es necesario adaptar los sitios web. ¿Qué sentido tiene si ya son accesibles? ¿Quién va a preferir una versión mutilada y reducida de un sitio web, antes que la versión original, de escritorio?
Sí, quizá la tecnología ya es la misma para los ordenadores de sobremesa que para los dispositivos móviles, pero y los usuarios ¿son los mismos?
Por un lado, el usuario de ordenador de sobremesa está sentado cómodamente, utiliza las dos manos para interactuar con el sistema, dispone de una pantalla grande que puede mostrar una cantidad ingente de datos y acostumbra a estar concentrado en la tarea que hace.
Por otro lado tenemos al usuario que está de pie, agarrado a la barra del autobús con una mano y con el móvil en la otra, con una pantalla minúscula capaz de mostrar únicamente unas pocas líneas de texto, pendiente de controlar si ha llegado a su parada, intentando no pisar a nadie (ni ser pisado) y, por si fuera poco, evitando perder de vista el maletín que ha dejado en el suelo.
No estamos hablando sólo de pequeñas diferencias, sino de contextos de uso y modelos de interacción totalmente distintos. Cuestiones que influyen en la propia conceptualización de funcionalidades o contenidos para el dispositivo móvil, en la organización de los mismos, sus sistemas de navegación e incluso en su representación visual.
Hasta ahora, en cierto modo, las diferencias tecnológicas contribuían a que existieran sitios web pensados y adaptados a las realidades del usuario móvil. Eliminadas las diferencias tecnológicas, ¿olvidaremos el resto?
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