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El precio de jugar

Escrito por Dani Armengol Garreta el 17 Sep 2008

En los 90 estaban de moda los libros multimedia interactivos para niños. Eran una especie de videojuegos en los que se iba pasando por distintos escenarios y habitaciones donde había multitud de objetos. El niño podía pulsar con el ratón en los distintos objetos para ver si pasaba algo. Por ejemplo, en una escena de campo se podía pulsar en una piedra para que aparecieran de debajo de ella unas hormigas bailoteando.

Libro multimedia interactivo de un centro de estudios de idiomas

Este tipo de juegos crean reacciones muy estimulantes que, incluso en la edad adulta, seguimos teniendo. El factor más estimulante es la sensación de “descubrir” que hay algo donde aparentemente no hay nada. Esto no sólo nos estimula perceptivamente, al generar una animación o movimiento en el juego, sino que también nos satisface en cierta forma, al sentirnos responsables del descubrimiento.

Los diseñadores de interfaces es habitual que al encontrarnos con una nueva interfaz nos pongamos a “jugar” con ella, la exploremos e intentemos ver qué nos puede ofrecer, llevándonos en ocasiones a descubrir elementos de interacción que están ocultos inicialmente.

Debemos tener mucho sentido crítico con esto, porque la sensación que nos pueden transmitir inicialmente estos “descubrimientos” es la misma que le transmiten las hormigas bailadoras de debajo de la piedra al niño. Podríamos juzgar tendenciosamente una interfaz de este tipo a partir de nuestra propia experiencia, pensando que por ser estimulante será también recordada y, por lo tanto, contribuirá al aprendizaje de la misma.

Estaríamos dejando de lado, sin embargo, un factor clave; pues la diferencia principal entre nuestro uso particular y un uso real de esa misma interfaz es que nosotros estábamos “jugando” con ella, sin ninguna tarea específica en mente. En medio de una tarea real esta sensación de descubrimiento y satisfacción se podría convertir en mera frustración al ver cómo algo que debería ser claramente visible está oculto.

Vamos, que no es lo mismo ir pulsando piedras para ver si hay hormigas debajo, que ir por ejemplo pulsando palabras en un sitio web en espera de descubrir cuál es un enlace y cuál no.



Comentarios (1)

Ramón OcampoRamón Ocampo dijo el 21 Sep 2008:

Esta perversión del diseño que comentas coincide exactamente con mi sensación en Facebook. A menudo tengo la sensación de que los diseñadores de la interface valoran más la "exploración" que realice el usuario que la facilidad para que este pueda realizar la tarea que se ha propuesto.
Tal vez esto tenga su utilidad dado el tipo de site al que nos referimos. Sin embargo, a mino me hace nada de gracia.



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