Más es mejor
No es ninguna noticia que la tendencia actual en la mayoría de aparatos electrónicos es aunar tantas funcionalidades como sea posible: con los móviles no sólo podemos llamar, sino también hacer fotos, escuchar música o jugar a videojuegos; nuestro televisor es capaz de sintonizar radio, grabar programas y hacer de despertador; y nuestro reloj de pulsera es un cronómetro un podómetro y un pulsómetro.
¿Necesitamos realmente toda esta flexibilidad? ¿O es un mero síntoma de nuestra cultura consumista en la que "más es mejor"?
Hay unos aparatos, cada vez más populares, que se resisten a esta tendencia. Se trata de los "media center".
Los "media center" (o centros multimedia) se pueden conectar a un televisor, a un equipo de sonido y a Internet, permitiéndonos ver películas, escuchar música o visitar páginas web entre otras funcionalidades.
A simple vista pueden parecer ordenadores, y, de hecho, tecnológicamente hablando, lo son, sin embargo están deliberadamente limitados para dar sólo respuesta a nuestras necesidades "multimedia" más habituales, sin permitir hacer otro tipo de tareas como escribir textos, imprimir, descargar ficheros o instalar nuevas aplicaciones.
Su función puede ser reemplazada perfectamente, y a veces incluso de forma más barata, por un ordenador convencional. ¿Qué sentido tiene, entonces, que paguemos por un producto que impone límites a nuestra propia libertad?
Puede que estemos empezando a olvidar el axioma de "más es mejor". O puede que no, que simplemente valoremos la simplicidad como sinónimo de eficiencia y productividad, característica indispensable en nuestras vidas aceleradas de hoy en día.



